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    Llamados Ministros de reconciliación

    diciembre 15, 2014

diciembre 15, 2014

Llamados Ministros de reconciliación

Cada vez que tengo al oportunidad de escribirles, trato de afirmar el llamado que tenemos los creativos en el Reino de Dios. Ya me habrán escuchado decir que soy una firme creyente de que nuestro principal llamado como creativos es:

1. Ser agentes transformadores de cultura
2. Ser reconciliadores entre arte y la iglesia
3. Y profesar un llamado más elevado que el simple hecho de convertirnos en artistas y hacer de nosotros adoradores en espíritu y verdad

Por donde voy, propago nuestra extensa visión ministerial, de abrazar los medios y la tecnología, como una oportunidad de expandir el reino y motivar a esta generación de creativos a usar los medios y las tecnologías para el evangelismo y discipulado digital. En pasados blog posts ustedes me han escuchado decir que somos los misioneros contemporáneos y que nuestro territorio de evangelización está entre píxeles y protocolos TCP/IP; pero hoy quiero agregar una nueva función a nuestro llamado como creativos y es convertirnos en ministros de reconciliación.

La primera cosa que debe atraernos como profesionales y creativos es atender la agenda de Dios. Y Su prioridad es muy simple…”La gente”

“La gente” es la esencia del Reino. Por lo tanto proteger nuestras relaciones con “otros” es más que un principio, un mandamiento. Ya no mirándonos según las apariencias sino con los ojos puestos en la Fe y en el Autor y consumador de la misma; Él tiene el poder de transformar corazones y darle significado y valor a lo que somos, depositando valiosos tesoros en “vasijas de Barros”.

Por lo tanto debemos aprender a dar amor a otros como si estamos en deuda con ellos, ¡tenemos pendiente la deuda del amor! Tenemos que aprender a valorar a otros por el potencial que ellos tienen en Cristo, al fin y al cabo alguna vez estuvimos muertos, más Jesús nos vio con tanto amor que murió por nosotros para reconciliarnos con nuestro Padre. Y desde entonces a nosotros se nos ha encomendado el ministerio de la reconciliación; pues estamos encargados de salvar relaciones.

Creer en el contenido que hay en la vasija, aunque esta luzca rota, agrietada e “inservible” esto genera una cultura de honor. Y esta cultura cambia sociedades, restaura relaciones y afirma a otros en su verdades identidad (Cristo Jesús) y no en su pasado o errores. Esto debemos llevarlo a nuestros hogares, trabajos, lugares que frecuentamos. Debe ser nuestra meta ayudar a las personas con las que tenemos contacto a sacar lo mejor de ellas y no lo contrario. Pero este tipo de amor no proviene de emociones o de nuestra capacidad de amar, este tipo de amor sólo proviene de Dios, sólo lo entendemos cuando lo hemos vivido y sólo lo podemos dar cuando lo hemos recibido; por eso somos “deudores” y por eso la Biblia dice que por el amor reconocerán que somos discípulos de Dios. Pues el amor que evidenciamos no es pretendido o del esfuerzo natural es un fruto que sólo se reproduce a causa de nuestra relación personal con Dios.

Ser ministros de reconciliación nos obligará a profesar la reconciliación como himno y a llevar la “restauración de relaciones” como bandera. ¡Nuestra prioridad es ser defender relaciones, creo que a eso hemos sido llamados!

Es muy fácil destruir relaciones, es muy fácil voltearle la cara a una persona, es muy fácil dejarnos vencer por las diferencias. ¡Difícil es ser ministros de reconciliación!

Hay muchísimas relaciones en las que estamos asignados por Dios como defensores; desde compañeros de trabajo, jefes, personas de proyectos, nuestros esposos, nuestras esposas, nuestros hijos…es innumerable. Muchas personas entran en nuestras vidas en un tiempo específico y nos damos cuenta que, para restablecer la armonía y permitir que el proceso de restauración comience, debemos convertirnos en protectores de esas relaciones. Que significa eso? Que debe haber alguien dentro de esa relación que esté dispuesto a sacrificarse por la otra persona.

Juan 15:13 dice “Nadie tiene mayor amor que este, que uno dé su vida por sus amigos.”

Cuando colocamos todo bajo la perspectiva de lo que el Señor Jesucristo hizo en la cruz por nosotros, para proteger una relación ¿Cual relación? Mi relación con Dios, tu relación con Dios; nos damos cuenta el elevado concepto artístico de un Todopoderoso Creador que consideró la restauración la disciplina más costosa, convirtiendo un madero en una pieza refinada de trasformación y reconciliación para hacer de Su sacrificio un legado que salvaguarda el patrimonio de Dios…la humanidad.

De esa misma manera y bajo esa misma circunstancia también nosotros podemos entender que el plan de Dios para con nosotros y con otras personas es que ese amor incondicional, esa capacidad que el Señor Jesucristo ejercitó en proteger una relación, la que debemos poner en práctica hacia otros.

Claro que nosotros no podemos dar de lo que no tenemos, nosotros solo extendemos lo que hemos recibido por eso es que en el Salmo 84 la presencia de Dios y la comunión con Dios y el habitar en los atrios de Dios era tan importante, la intimidad nos califica para el llamado. Te invito a salvar una relación hoy, comencemos con nuestra relación con Dios, conoce a Jesús y haz conocido el camino a Dios.